En una factura de luz de cualquier hogar o empresa, si nos fijamos en el logotipo de la empresa que nos está facturando veremos que es nuestra empresa de confianza, la que nos factura la luz todos los meses y en la que tenemos depositada nuestra confianza.
Pero es muy posible que detrás de esa empresa o marca de confianza, esté otra empresa haciendo que todo funcione como un reloj, que se liquide con la CNMC, con REE y con las distribuidoras, en definitiva con toda la maquinaria regulatoria que existe detrás de la generación de una factura de luz.
Una marca blanca de energía es una empresa que vende electricidad o gas bajo su propia identidad, apoyándose en la licencia e infraestructura de una comercializadora debidamente constituida. Esta aporta toda la experiencia y el músculo financiero para operar, aportando sus sistemas de facturación, la compra de energía, cumplimiento normativo y en algunos casos gestión de impagos. La marca blanca centra todos sus esfuerzos en la captación y la venta de energía bajo su nombre.
Este modelo que lleva en el mercado eléctrico español bastantes años, está permitiendo la competitividad y la diferenciación en el mercado respecto a los grandes grupos. Dejando de un lado la competición por precios y aportando el contacto más cercano con el cliente y los servicios digitales como mayor diferencia, esto está haciendo crecer con fuerza el fenómenos de las marcas blancas de energía.

Vender sin cargar con la gestión
La gran fortaleza del fenómeno de las marcas blancas de energía está en la división del trabajo clara. Montar y mantener una comercializadora implica una serie de recursos y gestiones muy elevada y costosa: garantías, relaciones con los operadores y distribuidoras, compra, coberturas de energía, liquidaciones, gestión de morosidad, regulaciones, atención al cliente, etc. Todo ello conforme a una normativa y regulación que cambia cada año o cada nuevo acontecimiento importante en el sector.
La marca blanca se desentiende por completo de toda esa carga. Su único foco e lo que se verdad domina, vender y cuidar al cliente final. Puede concentrarse en generar una propuesta comercial, tarifas y comunicación con el usuario, mientras la comercializadora que opera por detrás de la marca asume todo el trabajo invisible.
El resultado es un negocio mucho más ágil. Una empresa que ya tiene clientes y una marca consolidada puede empezar a comercializar energía en muy poco tiempo, sin movilizar grandes recursos ni asumir riesgos de ningún tipo. Vender y fidelizar al cliente con su nombre mientras añade una nueva linea de ingresos.
No todas las marcas blancas son iguales
Bajo la etiqueta de marca blanca conviven muchas realidades distintas. Lo más útil es entenderlas como un espectro según la profundidad con la que la marca controla la experiencia y la visibilidad del cliente.
Nivel básico: Con solo ver una factura de luz con el logotipo de la marca, ya podemos decir que estamos ante una marca blanca de energía, pero la experiencia y la visibilidad del cliente seguirá siendo limitada. El contrato, la atención, etc siguen mostrando la cara de la comercializadora real. La marca es poco más que un canal de captación.
Nivel Intermedio: Aquí la identidad de la marca gana peso, convive directamente con la de la comercializadora y el cliente reconoce más a su comercializadora como la marca blanca. Empezamos a ver facturas más elaboradas, contratos con logos y medios de captación de la marca.
Nivel Avanzado: Es el extremo más complejos, la marca blanca adquiere toda la visibilidad y gran parte del control, contrato, factura, tarifas, atención al cliente todo luce con una misma identidad, la de la marca blanca. La comercializadora opera por detrás completamente invisible y el cliente vive una relación coherente y sin fisuras con la marca que ha elegido. Es el modelo que más se acerca a tener una comercializadora propia y además es el paso previo para crear tu propia comercializadora.
¿Quién puede ser una marca blanca?
Casi cualquier organización que tenga una marca de confianza y una audiencia a la que dirigirse. El requisito real no es ser del sector energético, si no disponer de una relación con clientes que se pueda aprovechar.
Algunos ejemplos de marcas blancas:
- Empresas de telefonía: con una cartera amplia de cliente, que pueden añadir la energía a su paquete de servicios y aumentar la vinculación a la par que aumentan los beneficios y la capacidad de generar ofertas para vender mejor.
- Clubes deportivos: Desde grandes entidades hasta un pequeño club de fútbol que quiera ofrecer a todos sus socios la posibilidad de contratar la luz bajo los colores del club, mientras ayudan así a la propia financiación del club.
- Agencias y empresas de marketing: Estas empresas dominan la captación y la comunicación con clientes, pueden convertir esa capacidad en una linea de negocio extra.
- Multinacionales y grandes grupos: Estos pueden aprovechar su marca, su base de clientes o de empleados para entrar en el sector de la energía sin necesidad de inversiones en tiempo y dinero.
- Instaladoras de fotovoltaica: Una vez que ya has conseguido que tu cliente confíe en tu empresa para hacerse una instalación no debes tener mucho problema en hacer que se cambie la energía a tu compañía y más si consigues darle buenos precios y servicio, manteniendo así la relación con ese cliente que tanto te ha costado conseguir.
- Comercios, asociaciones y cooperativas: Siempre que tengan detrás una buena filosofía de marca y un colectivo grande y fiel detrás.
En todos los casos el patrón es el mismo, una marca con unos clientes que confían en ella y estos últimos pueden conseguir una fuente de ingresos extra mientras ofrecen un servicio excelente y consiguen ahorro.

Crear tu comercializadora
Si tu finalidad es crear una comercializadora, empieza por la marca blanca antes de crearla, con esto te ahorrarás capital y operativa. Validas tu modelo, conoces a tu cliente y conoces el sector, mides tu ritmo de crecimiento y cuando los números lo justifiquen, das el paso hacia tu propia comercializadora sabiendo ya que el modelo funciona.
Entrar a formar parte del fenómeno de las marcas blancas de energía es la mejor manera de probar tu capacidad de venta y descubrir hasta donde puede llegar tu recorrido en el negocio energético. Sin necesidades de capital, experiencia técnica, inversiones en software o garantías, etc.
Nosotros te acompañamos en todo este recorrido, ponemos a tu disposición la marca blanca más completa del mercado para que solo tengas que centrarte en vender y crecemos contigo hasta donde quieras llegar.

