tarifa plana de luz

Tarifa plana de luz

Hay una pregunta que cualquiera que trabaje en el sector eléctrico ha escuchado en una comida familiar: «¿Por qué no hay tarifa plana de luz, como en el móvil?»

La respuesta corta «porque no se puede» suena a excusa corporativa. Así que conviene la respuesta larga, que empieza por reconocer algo incómodo, sí se ha intentado y muchas veces. Por casi todas las grandes comercializadoras del país. Y no ha salido bien ni una sola vez.

Lo que hoy se vende bajo el nombre de «tarifa plana» en España no es una tarifa plana. Es una cuota fija con techo, un pago aplazado, o un seguro de precio mal etiquetado. La distancia entre lo que el nombre promete y lo que la letra pequeña entrega es, probablemente, la mayor fábrica de reclamaciones del mercado libre.

Esta es la historia de esos intentos, y de por qué el producto que todo el mundo quiere comprar es un producto que nadie puede permitirse vender.

Primer intento, el bono de energía de Gas Natural Fenosa (2014)

El primer gran intento serio llegó en octubre de 2014, de la mano de Gas Natural Fenosa (hoy Naturgy). Se anunció como «tarifa plana» de luz y gas, y funcionaba así:

  • El cliente elegía un tramo de consumo anual (una banda de kWh).
  • Pagaba una cuota mensual fija asociada a ese tramo durante doce meses.
  • Al terminar el año se comparaba lo consumido con el tramo contratado:
  • Si te pasabas, pagabas los kWh de exceso a precio de mercado.
  • Si no llegabas, te bonificaban con un importe equivalente a una cuota mensual.

Léelo otra vez. Eso no es una tarifa plana. Eso es un bono prepago de energía con liquidación anual. La cuota mensual era un mecanismo de financiación, no un precio. El precio real seguía siendo el kWh, solo que lo descubrías doce meses después.

El diseño era, desde el punto de vista de la compañía, perfectamente racional: transfería la comodidad al cliente (misma cuota cada mes) sin transferirle el riesgo real (el consumo se acababa liquidando). Pero desde el punto de vista del cliente era exactamente lo contrario de lo que el nombre prometía. La palabra «plana» evocaba el móvil: consume lo que quieras. Y lo que había debajo era: consume lo que pactamos, y si no, hablamos en diciembre.

Ese desajuste entre lo que la marca dice y lo que el contrato hace es el pecado original del que no ha conseguido salir el sector en más de una década.

Último intento, la tarifa justa de Holaluz

Años después llegó el intento más ambicioso, y también el más doloroso. Holaluz, la comercializadora catalana que había construido su marca sobre la transparencia y la energía renovable, apostó fuerte por su Tarifa Justa: una cuota mensual personalizada, calculada a partir del consumo de los doce meses anteriores, con la promesa de que pagarías lo mismo todos los meses.

La ingeniería del producto era una evolución del modelo Naturgy, en lugar de tramos genéricos, una cuota individualizada, calculada con los datos reales del CUPS. Sobre el papel, mejor. Más fino, más justo, de ahí el nombre.

El segundo cambio relevante es que desaparece la liquidación de excesos a final de periodo. No hay una factura de diciembre que te pase los kWh de más a precio de mercado. Lo que hay, en su lugar, son dos mecanismos distintos:

  • La revisión anual. Al completar los doce meses el contrato se renueva y la cuota se recalcula, tomando el consumo real del año que acaba de terminar y los precios de mercado vigentes. La cuota puede bajar, mantenerse o subir para el siguiente ejercicio.
  • La cláusula de uso responsable. La cuota se ofrece sobre la base de un consumo que no se dispare respecto al histórico —el margen de imprevistos que se maneja ronda el 30%—. Si el consumo se sale de ese marco, la compañía se reserva la posibilidad de reubicar al cliente en una tarifa de precio por kWh.

Es, por tanto, un producto distinto del bono de energía de 2014: el ajuste no se hace hacia atrás liquidando kWh, sino hacia adelante recalculando la cuota. La Tarifa Justa sigue en el catálogo de Holaluz, junto a la Tarifa Clásica (precio fijo 24 horas) y la Tarifa 3 (tres periodos horarios).

Merece la pena quedarse con esa distinción, porque marca las dos únicas familias que existen en todo el mercado español: las que ajustan por liquidación y las que ajustan por límite de consumo. Todo lo demás son variantes de una de las dos.

Todos con la misma letra pequeña

Los dos casos anteriores no son excepciones. Son las dos primeras piezas de un patrón que, mirado hoy, no admite excepciones: todas las grandes comercializadoras tienen su versión del producto, y todas descansan sobre la misma premisa.

Esa premisa es que existe un volumen de consumo pactado. Puede llamarse tramo, consumo de referencia, estimación anual o consumo máximo, pero siempre está ahí, y siempre sale del histórico del punto de suministro. La cuota mensual no es un precio: es la traducción a euros de ese volumen.

Y como el volumen pactado y el volumen real nunca coinciden, todo contrato necesita un mecanismo para gestionar la diferencia. Solo hay cuatro, y el mercado español los ha probado todos:

Liquidar los excesos. Al cierre del periodo se comparan kWh pactados y kWh consumidos, y los de más se facturan a precio de mercado. Es el modelo fundacional de 2014.

Recalcular la cuota hacia adelante. No se liquida nada, pero al renovar el contrato la cuota se recalcula con el consumo real del año que termina. El ajuste llega, solo que doce meses después y sin factura extraordinaria.

Poner un techo con puerta de salida. Se pacta un consumo máximo —típicamente el histórico más un margen del orden del 30% en electricidad y del 50% en gas— y mientras estés dentro no hay liquidación de ningún tipo. Si te sales, la compañía avisa y se reserva el derecho de recalcular la cuota o de trasladarte directamente a una tarifa de precio por kWh. Endesa aplica esta lógica en su Tarifa Única, con ese mismo umbral del 30% sobre el consumo de referencia.

Regularizar a fin de año. Pagas una cuota estable, pero en cada factura sigues viendo el importe real que te correspondería, y al cumplirse el año se salda la diferencia en un sentido o en otro. La Cuota Fija de Iberdrola funciona así, y conviene reconocerle una virtud: no se vende como tarifa plana. Es explícitamente una modalidad de pago, un plan de plazos sobre un consumo que se sigue midiendo. El problema no es el producto, es que el cliente medio no distingue «cuota fija» de «tarifa plana» y compra lo segundo creyendo que es lo primero.

Mecanismo de ajusteCómo se presentaQué pasa si te desvías
Liquidación de excesosPagas lo mismo cada mesSe te facturan los kWh de más a precio de mercado
Recálculo de la cuotaCuota fija sin sorpresasLa cuota del siguiente periodo se reajusta al alza
Techo con salidaConsume lo que necesitesSuperado el margen, se recalcula la cuota o pasas a precio por kWh
Regularización anualPagas lo mismo cada mesAl cierre se salda la diferencia entre lo pagado y lo consumido

Ninguna de las cuatro es una tarifa plana. Todas, sin excepción, llevan una cláusula de consumo responsable, un techo, una liquidación o un derecho de traspaso. La diferencia entre ellas no está en si ajustan, sino en cuándo y cómo lo hacen: liquidando hacia atrás, recalculando hacia adelante o echándote a otra tarifa. Y casi todas eligen un nombre comercial que sugiere que no ajustan nada.

tarifa plana de luz

Por qué es tan difícil

Aquí está el fondo del asunto. No es incompetencia, ni mala fe (al menos no solo). Es que hacer una tarifa plana de electricidad honesta y rentable es un problema estructuralmente más duro de lo que parece.

1- La comercializadora revende pero no fabrica

Una comercializadora eléctrica no produce energía, la compra en un mercado mayorista que se llama OMIE y la revende. El margen son unos pocos euros al mes por cliente. Cuando vendes una tarifa plana, estás garantizando un ingreso fijo contra un coste que no controlas, si el precio sube en cuestión de muy poco margen, la comercializadora estaría perdiendo dinero.

La analogía que todo el mundo tiene en la cabeza es la tarifa plana del móvil, pero en este sector no funciona igual, las grandes telecos tienen la infraestructura ya desplegada y el coste por gigabyte es prácticamente 0, las pequeñas compran paquetes a precios ya fijados con lo que se aseguran el techo del coste y solo les queda estimar cuanto consume cada cliente. Aún así todas ellas ponen cláusulas y políticas de uso razonable.

2- Riesgo de precio y riesgo de volumen

Este es el corazón del problema y merece que le prestemos especial atención.

Vender una tarifa plana significa asumir dos riesgos a la vez:

  • Riesgo de precio: el kWh puede costarte más de lo previsto.
  • Riesgo de volumen: el cliente puede consumir más de lo previsto.

Cada uno por separado sería manejable como hemos visto en el ejemplo de las teleco. Puedes cubrir el precio comprando futuros, que sería el equivalente a comprarle gigasbytes a un precio a una teleco grande o puedes cubirr el volumen con estadística sobre una cartera grande.

El problema es que están positivamente correlacionados, y de la peor manera posible. Una ola de frío en enero hace dos cosas simultáneamente, dispara el consumo de tus clientes y dispara el precio de la energía. Una ola de calor en agosto, hace exactamente lo mismo.

En términos financieros, una tarifa plana de verdad es una opción de volumen ilimitado a precio cero que le regalas al cliente. Una swing option sin strike y sin límite. Cualquiera que haya trabajado en trading de energía sabe lo que cuesta cubrir eso: si le pones el precio correcto, la prima es tan alta que el producto deja de ser vendible. Y si le pones un precio vendible, estás corto de una opción que no has cobrado.

Esta es la trampa central, y explica todo lo demás: una tarifa plana correctamente valorada nadie la compra, y una tarifa plana que la gente compra no está correctamente valorada. Todo lo que hemos visto en el mercado, los techos del 30%, las regularizaciones, las cláusulas de traspaso, son intentos de escapar de esa tenaza sin renunciar al nombre comercial.

3- Selección adversa, el que la contrata sabe algo que tú no sabes

La cuota se calcula con el histórico de los últimos doce meses. Es el único dato objetivo disponible aparte de la potencia contrata (que puede variar, que equivaldría en el mundo de las teleco a la velocidad de descarga o de llamadas).

Pero el cliente conoce su futuro, sabe que se va a comprar un coche eléctrico y que consumirá mucho más durante este año. Si supiera que va a consumir menos se iría a otro tipo de tarifa. Esto es selección adversa de manual y significa que tu cartera de tarifa plana se llenará sistemáticamente de los peores consumidores posibles.

4- Riesgo moral de consumo

En el sector de la electricidad se lleva años intentando que se consuma cada vez menos, ahorro energético, consumo responsable, son frases que se escuchan muy a menudo en el sector. Si eliminas la barrera de precio estas eliminando el incentivo a consumir menos y a ser responsable.

Esto llevaría a que la gente se deje el aire acondicionado para estar fresquito cuando vuelvan, a no apagar las luces de casa o incluso a minar criptomonedas para obtener ingresos extra, a costa de consumos completamente desproporcionados.

No es maldad del cliente, es un comportamiento completamente racional, si ya has pagado por qué te ibas a privar de consumir todo lo que necesites y más.

El efecto está documentado en cualquier bien con tarificación plana, del buffet libre a la datos ilimitados. La diferencia es que en la luz cada unidad extra tiene un coste real y positivo para quien la sirve. La comercializadora está financiando un aumento de consumo que ella misma ha provocado con su propio diseño de producto.

5- Permanencias prohibidas

Una cuota alisada implica que el cliente paga de menos en invierno y de más en primavera. Eso significa que la comercializadora está financiando el invierno del cliente y espera recuperarlo entre abril y septiembre.

Ahora quitemos la permanencia, la regulación en el sector la prohibe totalmente a una gran parte de los suministros y a la otra les limita el coste de salida al 5% de la energía no consumida. El cliente puede pagar la cuota de noviembre a marzo, consumir la calefacción y cambiarse de compañía o de tarifa en abril. Se lleva la parte buena y deja la mala, que sería la forma donde la comercializadora compensaría las perdidas.

No hace falta que sea intencionado, basta con que un comparador o un teleoperador le llame en primavera y le haga una oferta que no pueda rechazar. Por eso todas las tarifas planas del mercado tienen permanencia o regularización.

6- Solo una parte de la factura

La factura de la luz no es solo energía. Incluye peajes de transporte y distribución (fijados por la CNMC), cargos (fijados por el Gobierno), financiación del bono social, impuesto especial sobre la electricidad, alquiler del contador e IVA. En una factura doméstica típica, la parte que la comercializadora realmente controla es minoritaria.

Y los conceptos regulados cambian. Cambian a mitad de año, cambian por real decreto-ley, cambian retroactivamente. Los últimos años han sido un carrusel: el IVA de la luz bajó del 21% al 10%, luego al 5%, y volvió a subir por tramos hasta el 21%. El impuesto especial sobre la electricidad se redujo al 0,5% y después se restauró al 5,1127%. Los peajes y cargos se actualizan anualmente y a veces más.

Si has fijado una cuota a doce meses y a mitad del ejercicio te suben cuatro puntos de IVA, tienes tres opciones, todas malas: comerte la diferencia, repercutirla (y romper la promesa de «misma cuota siempre»), o meter en el contrato una cláusula de repercusión de cambios normativos. Todas la meten. Y es otra grieta más en la promesa.

7- La regulación va en dirección contraria

Toda la legislación y regulación va enfocada a granular cada vez más los conceptos que aparecen en la factura de luz, cargos separados, diferentes periodos, etc. La tarifa plana hace exactamente lo contrario, borrar todo rastro de conceptos la mayoría de ellos ilegibles para el cliente final y dejar solo un importe.

Dicho de otro modo, la tarifa plana es un producto que rema contra la dirección estratégica del sistema eléctrico entero. Ningún regulador va a facilitarla y la arquitectura del mercado va a hacerla progresivamente más cara de cubrir.

8. El autoconsumo

Con casi tres millones de instalaciones fotovoltaicas domésticas en España, el consumo de red de un hogar ha dejado de ser una función estable de sus hábitos. Depende de la meteorología.

Además el autoconsumo tiene como finalidad consumir lo mínimo posible de la red, no tiene sentido estar pagando una cuota o tarifa plana por algo que se intenta evitar a toda costa.

tarifa plana de luz vs tarifa plana de teleco

Viabilidad

Dicho todo lo anterior, sería injusto rematar el asunto con un simple «no sirve para nada». Sirve para dos cosas concretas, y conviene nombrarlas bien porque ninguna de las dos tiene que ver con el precio de la energía.

La primera es alisar la tesorería del hogar. Para una parte nada pequeña de los clientes domésticos, el problema real no es pagar 900 euros de luz al año: es que 200 de esos euros lleguen en enero, justo después de las navidades, y que la factura de agosto con el aire acondicionado a tope caiga encima de las vacaciones. Una cuota estable convierte un gasto estacional y difícil de anticipar en una línea fija del presupuesto mensual, igual que el recibo del seguro o de la hipoteca. Eso tiene valor, y es un valor financiero, no energético.

La segunda utilidad es menos evidente y casi siempre pasa desapercibida: estos productos, tal y como están diseñados hoy, ayudan a contener el consumo. Suena contradictorio después de todo lo dicho sobre el riesgo moral, pero es precisamente porque ninguna de las tarifas del mercado es una plana de verdad. Al llevar un volumen pactado con un margen del orden del 30% y un sistema de avisos cuando te acercas al techo, el cliente deja de tener una barra libre y pasa a tener una cuota anual de kWh, con un contador visible y una fecha límite. El efecto psicológico es el opuesto al del bufé libre, no invita a consumir más, invita a no salirse del volumen del año anterior. Para alguien que quiera anclar su consumo a lo que gastó el ejercicio pasado, es una herramienta que funciona.

Reconocido todo esto, hay que decir la verdad, rara vez va a ser una opción mejor que una tarifa fija normal o una tarifa indexada. Y la razón es que las dos ventajas anteriores se pagan con una prima que casi nunca compensa. Una tarifa a precio fijo por kWh ya elimina el riesgo grande del precio de mercado que el cliente ni controla ni entiende, y deja en manos del cliente el único riesgo que si controla, el consumo.

En el otro extremo para los que puedan mover consumo de un horario a otro una tarifa indexada será siempre estructuralmente más barata y lo seguirá siendo año tras año, ya que el diseño del mercado y las normativas empujan claramente hacía ahí.

Conclusión

La tarifa plana de luz no es un fiasco de ejecución, todas las compañías que lo han intentado han puesto sus mejores esfuerzos en intentar igualar el sector con el sector de las telecomunicaciones. Todas se han estrellado contra el mismo muro, un producto cuya versión honesta nadie compraría y cuya versión vendible nadie puede sostener.

Lo que queda en el catálogo de productos que llevan nombres parecidos, son cuotas fijas con techo, planes de pago con regularizaciones, precios fijos con prima, etc. Tienen su hueco en el mercado para una serie de clientes, pero son una mala compra para casi todos los demás.

Mientras tanto el sistema eléctrico se mueve en la dirección opuesta, precios cada quince minutos, flexibilidad de la demanda, autoconsumo, baterías, etc. Un mundo en el que el valor no está en no mirar el precio, si no en poder reaccionar a él. Quizá esa sa la conclusión más incómoda, la tarifa plana de luz no es un producto que todavía no hemos conseguido construir. Es un producto que el sistema, cada año que pasa, hace un poco más imposible o difícil de hacer.

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