El 28 de abril de 2025, a las 12:33 horas, la península ibérica sufrió el evento más grave registrado en la red eléctrica europea en más de veinte años. En apenas cinco segundos, 15.000 megavatios —el 60% de la producción eléctrica del país— se desvanecieron del sistema, dejando a oscuras a más de 50 millones de personas en España, Portugal y Andorra [1]. Ocho personas murieron como consecuencia directa o indirecta del apagón, y el impacto económico se estimó entre 1.000 y 4.500 millones de euros [2].
Casi un año después, el panel de 49 expertos de la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E) ha publicado su informe final de 446 páginas. La respuesta de Red Eléctrica de España (REE) fue inmediata: una nota de prensa titulada «Red Eléctrica no falló», en la que la empresa se felicitaba por la supuesta exculpación que le otorgaba el documento europeo [3]. Sin embargo, una lectura rigurosa del informe revela una imagen muy diferente: la del colapso de un sistema eléctrico frágil, mal supervisado y gobernado por una normativa obsoleta, donde el operador de la red, las grandes eléctricas y los reguladores comparten una responsabilidad que ninguno quiere asumir.

La versión de REE: una exculpación selectiva
En su comunicado del 20 de marzo de 2026, Red Eléctrica construyó su defensa sobre tres pilares. Primero, que el informe europeo no identifica errores en la programación de la generación para aquel día. Segundo, que las causas raíz identificadas —oscilaciones, desconexiones incorrectas de fotovoltaicas y un deficiente control de tensión por parte de los generadores— son ajenas a su responsabilidad. Tercero, que el sistema cumplía todos los criterios de seguridad establecidos en la normativa vigente [3].
Esta narrativa es técnicamente parcial. REE selecciona con precisión quirúrgica las conclusiones que le favorecen, mientras silencia los párrafos del informe que señalan directamente a sus propias deficiencias operativas. El presidente del Consejo de Administración de ENTSO-E, Damián Cortinas, fue más directo en el briefing de prensa:
«El problema no son las energías renovables, sino el control de la tensión, independientemente del tipo de generación. No se trata de alta tecnología, es algo que sabemos hacer desde hace décadas.» [4]
Una afirmación que, leída en contexto, es una crítica implícita al operador que debía garantizar precisamente ese control.
Las causas reales: una tormenta perfecta de fallos acumulados
El informe de ENTSO-E describe el apagón del 28A como un evento «sin precedentes» (first of its kind), no porque fuera imposible de prever, sino porque fue el resultado de la convergencia simultánea de múltiples debilidades que, por separado, el sistema había logrado gestionar en ocasiones anteriores. El 22 de abril, apenas seis días antes, el sistema había soportado condiciones similares sin colapsar [5]. La diferencia el 28 de abril fue que todos los fallos se produjeron al mismo tiempo.
A diferencia de los apagones convencionales, causados habitualmente por una caída de tensión ante un exceso de demanda, el colapso ibérico fue provocado por un fenómeno inverso: un incremento descontrolado y rápido del voltaje que la infraestructura no pudo contener. Las sobretensiones en cascada, que superaron los 435 kV en una red diseñada para operar a 400 kV, desencadenaron una avalancha de desconexiones automáticas que el sistema de defensa no pudo detener [6].
La secuencia del colapso: 90 segundos para el desastre
La cronología del colapso, reconstruida minuciosamente por los expertos europeos, es reveladora. Entre las 12:32 y las 12:32:57, grandes plantas renovables de más de 5 MW redujeron su producción en unos 500 MW, manteniendo un factor de potencia fijo. A las 12:32:20, se registró una fuerte subida de tensión en una subestación de Granada. Poco después, un transformador de 400/220 kV se desconectó por sobretensión, con una tensión de 417,9 kV. A las 12:33:16, se produjeron desconexiones en Badajoz que supusieron la pérdida de 727 MW de generación fotovoltaica y termosolar, con tensiones estimadas de hasta 432,4 kV. En los segundos siguientes, más de 2,5 GW de generación se desconectaron en cascada en varias provincias. A las 12:33:19, los sistemas eléctricos de España y Portugal comenzaron a perder sincronismo con el sistema europeo. En tres segundos más, el colapso era total [6].
Los responsables: cuatro actores, cuatro fracasos
1. Red Eléctrica: el operador que no pudo operar
El informe de ENTSO-E identifica deficiencias concretas en la gestión de REE que van mucho más allá de la mera «programación de la generación» que la empresa defiende. En primer lugar, la conexión y desconexión de los equipos clave para el control de tensión —como las reactancias en derivación— se realizaba de forma manual, con tiempos de decisión y ejecución incompatibles con la velocidad a la que se desarrolló el incidente [6]. En un sistema donde el colapso se produjo en menos de 90 segundos, los procedimientos manuales son, sencillamente, inservibles.
En segundo lugar, el operador carecía de una monitorización en tiempo real de la diferencia entre la potencia reactiva requerida por el sistema y la efectivamente aportada por las instalaciones de generación. Esta falta de visibilidad impidió detectar anticipadamente la situación de riesgo cuando los niveles de tensión se aproximaban a valores críticos [7]. Como señala el profesor Miguel de Simón Martín, de la Universidad de León:
«El informe pone de manifiesto que el incidente no responde a un fallo puntual ni a una sola causa, sino que señala un problema estructural en la provisión y control de servicios auxiliares, especialmente la regulación de tensión.» [4]
En tercer lugar, REE operaba la red en un rango de tensión de 360–435 kV para redes de 400 kV, un margen significativamente superior al que rige en el resto de Europa, donde el estándar es 380–420 kV [8]. Esta práctica, tolerada por la normativa española, reducía el espacio entre el límite operativo seguro y el umbral de desconexión automática de los generadores, dejando al sistema sin margen de maniobra ante perturbaciones.
2. Las grandes eléctricas: generadores que no generaron lo necesario
El informe europeo es contundente respecto al comportamiento de la generación convencional. Varias unidades de ciclos combinados y otras plantas convencionales no alcanzaron el 75% de las consignas de potencia reactiva solicitadas por el operador del sistema en los momentos más críticos [6]. La potencia reactiva es el «soporte de tensión» del sistema eléctrico: sin ella, la tensión se desestabiliza. Las simulaciones incluidas en el informe son demoledoras: si dichas unidades hubieran absorbido más potencia reactiva, el apagón no se habría producido [3].
Iberdrola, Endesa y Naturgy tienen una parte de responsabilidad directa en este fracaso. Pero la opacidad de las empresas ha dificultado aún más el análisis. El propio panel de expertos denuncia que no pudo disponer de «algunos datos fundamentales» y que otros «eran incompletos o presentaban heterogeneidad» [5]. Los propietarios de instalaciones que se desconectaron antes del apagón alegaron, en muchos casos, la «falta de datos sobre registros de fallos» como motivo para no facilitar información a la investigación. Una excusa difícilmente creíble para empresas del tamaño de las grandes eléctricas españolas.
El caso de la planta fotovoltaica de Núñez de Balboa, en Badajoz, propiedad de Iberdrola, es paradigmático. El informe preliminar de REE de junio de 2025 ya la señaló como el origen de una «oscilación forzada» de 0,63 Hz que fue crítica para el desarrollo del incidente. Iberdrola lo negó, atribuyendo el fallo a «problemas generales de inercia en la red». El informe europeo confirma la existencia de esa oscilación forzada con origen en una instalación de generación en Badajoz, aunque sin nombrar explícitamente a la empresa [9].
3. Las renovables y la regulación: el eslabón más débil
El informe de ENTSO-E es explícito en un punto que muchos han querido distorsionar: el apagón no se debió a un exceso de energías renovables, sino a una limitación en su gestión. En el momento del incidente, las plantas renovables operaban bajo un esquema de factor de potencia fijo, lo que les impedía participar activamente en el control dinámico de la tensión. Cuando el voltaje comenzó a subir, no pudieron ayudar a estabilizarlo y, en cambio, se desconectaron automáticamente para proteger sus equipos, agravando el desequilibrio [4].
Esta limitación no es un defecto intrínseco de las renovables, sino el resultado de una normativa española que no les exigía ese comportamiento. Aquí la responsabilidad recae sobre el Gobierno y la CNMC: el marco regulatorio vigente en el momento del incidente no contemplaba penalizaciones por incumplimiento del soporte de potencia reactiva y no fijaba especificaciones dinámicas de velocidad de respuesta [4]. En otras palabras, el sistema no incentivaba ni exigía que nadie hiciera lo necesario para mantener la estabilidad.
Además, miles de pequeñas instalaciones fotovoltaicas de autoconsumo (por debajo de 1 MW) quedaron completamente fuera de la observabilidad del operador, lo que impidió conocer en tiempo real la magnitud de sus desconexiones y los aumentos de carga inesperados que generaron en la red de distribución [5].
4. Los reguladores: la normativa que lo hizo posible
La CNMC y el Ministerio para la Transición Ecológica tienen una responsabilidad de fondo que el informe europeo no elude. La normativa española permitía un rango de tensión excepcionalmente amplio —hasta 435 kV en redes de 400 kV, frente a los 420 kV que marca el estándar industrial— y no había alineado los criterios de operación con los estándares europeos vigentes [8]. Esta configuración normativa fue la que creó las condiciones estructurales para que el apagón fuera posible.
Resulta llamativo que la CNMC, que en enero de 2025 ya había alertado sobre los problemas para el control de tensión en la red eléctrica ante la alta penetración de renovables [1], no hubiera impulsado los cambios normativos necesarios antes de que el desastre se produjera.
Resumen de responsabilidades según el informe ENTSO-E
| Actor | Fallos y deficiencias identificadas |
|---|---|
| Red Eléctrica (REE) | Control manual y lento de la tensión; ausencia de monitorización en tiempo real de potencia reactiva; operación de la red con márgenes de seguridad reducidos (hasta 435 kV en redes de 400 kV). |
| Grandes Generadoras | Incumplimiento en la provisión de potencia reactiva (por debajo del 75% de lo requerido); desconexiones prematuras; opacidad en la entrega de datos y registros de fallos. |
| Plantas Renovables | Operación con factor de potencia fijo sin capacidad de estabilizar la red; desconexiones masivas en cascada por sobretensión (más de 2,5 GW perdidos). |
| Reguladores (Gobierno/CNMC) | Marco normativo que no exigía soporte dinámico de tensión a las renovables; permisividad con rangos de tensión peligrosamente altos; falta de supervisión de la generación distribuida. |
La trampa del relato exculpatorio
La estrategia comunicativa de REE es comprensible desde el punto de vista corporativo, pero resulta peligrosa desde el punto de vista de la seguridad del suministro. Al presentar el apagón como un evento causado exclusivamente por factores externos a su control —las desconexiones de los generadores, el comportamiento de las renovables, las oscilaciones—, el operador del sistema elude la responsabilidad de mejorar sus propios procedimientos operativos.
El informe europeo no exculpa a REE; simplemente no la condena en términos jurídicos. Pero sí señala, con precisión técnica, que el sistema que REE operaba tenía deficiencias estructurales que contribuyeron al colapso. Como concluye el profesor Manuel Alcázar Ortega, de la Universidad Politécnica de Valencia:
«El control de tensión en el sistema no funcionó por tres razones: algunos generadores convencionales no lo llevaron a cabo en los términos necesarios; la generación renovable no realiza control de tensión; y el Operador del Sistema no tuvo tiempo de activar los elementos de compensación de activación manual.» [4]
Las tres razones implican fallos de diseño del sistema, y el diseño del sistema es, en última instancia, responsabilidad del operador y del regulador.

Conclusión: el precio de la autocomplacencia
El apagón del 28 de abril de 2025 fue el mayor fracaso del sistema eléctrico español en décadas. Costó vidas, paralizó la economía y expuso ante Europa las profundas debilidades de una infraestructura que se había modernizado en su mix de generación sin actualizar los mecanismos de control y supervisión que garantizan su estabilidad.
El informe de ENTSO-E ofrece 22 recomendaciones concretas para evitar que vuelva a ocurrir: automatizar el control de tensión, establecer criterios claros y consecuencias económicas para quienes incumplan los requisitos de potencia reactiva, armonizar los rangos de operación con los estándares europeos, mejorar la observabilidad de la generación distribuida y reforzar los planes de defensa y restauración [7]. Muchas de estas medidas son, como señaló el propio presidente de ENTSO-E, «algo que sabemos hacer desde hace décadas».
La pregunta que queda en el aire es por qué no se hicieron antes. Y la respuesta, incómoda para todos los actores implicados, es que nadie tenía suficientes incentivos para hacerlo: ni el operador, ni las eléctricas, ni los reguladores. El apagón del 28A fue el precio de esa inacción colectiva. Que REE lo llame «incidente inédito» y se declare inocente no cambia esa realidad.
Referencias
- Wikipedia. Apagón en la península ibérica de 2025. https://es.wikipedia.org/wiki/Apagón_en_la_península_ibérica_de_2025
- RTVE. (2025). Apagón: Las pérdidas podrían alcanzar los 4.500 millones de euros. https://www.rtve.es/noticias/20250429/apagon-impacto-economia-pib/16559114.shtml
- Red Eléctrica de España. (2026). Red Eléctrica no falló: el informe del ‘Expert panel’ europeo confirma las causas del incidente identificadas por el OS. ree.es
- Science Media Centre España. (2026). El apagón se debió a múltiples factores, según el informe europeo. sciencemediacentre.es
- Energías Renovables. (2026). Los 49 expertos de Entso-E señalan a las eléctricas en su informe sobre el apagón. energias-renovables.com
- pv magazine España. (2026). Entso-E señala fallos sistémicos en la operación, la generación y la regulación que provocaron el apagón ibérico. pv-magazine.es
- Infobae. (2026). Europa revela las causas del apagón: todos fueron culpables y estas son las recomendaciones para que no vuelva a ocurrir. infobae.com
- Cadena SER. (2026). Los expertos europeos ratifican que el apagón fue causado por una sobretensión debida a múltiples factores. cadenaser.com
- Climática. (2026). El informe final del apagón achaca el suceso a múltiples factores interrelacionados. climatica.coop
- ENTSO-E. (2026). 28 April 2025 Blackout — Expert Panel Final Report. entsoe.eu

